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No todos somos iguales (a la hora de pensar en ideas o de expresarlas)




Leo unas investigaciones recientes que sugieren que, de hecho, se necesita menos tiempo para innovar con eficacia. En otras palabras, asignamos demasiado tiempo a las clásicas sesiones de innovación para conseguir las mejores ideas.

La investigación referida muestra que, en esas sesiones, el 75% de nuestras ideas sucede en el primer 50% del tiempo asignado. Parece una locura, pero nuestros cerebros realmente responden mejor a la presión cuando se trata de la ideación. Eso sí, para otros temas necesitan más tiempo:

- Para reciclar ideas, ya que el grupo se aferra a una cierta mentalidad (¿Cuántas veces nos hemos aferrado a una idea sin mirarla de una forma totalmente nueva?)

- La actitud defensiva comienza a aparecer. Por descontado, la colaboración en innovación es fundamental, sin embargo, con más tiempo para discutir las cosas, se agudiza la propensión a aferrarnos a nuestros prejuicios.

Antes de que proscribas los brainstormings y te dé por hacer sesiones de ideación de 5 minutos, repasemos por qué estos protocolos de innovación tradicionales no funcionan.

El gran problema es la propia dinámica humana. Ideas arraigadas, patrones más que fijados... Piensa por ejemplo en la típica sesión de tormenta de ideas. No es raro ver con frecuencia a personas que se sienten muy cómodas llevando la carga de la sesión. Tal vez son adeptos a verbalizar las ideas y no tienen miedo a hablar frente a un grupo o a expresar continuamente sus ideas.

Es, en todo caso, un comportamiento que favorece a cierto tipo de personas. No hay nada malo en ello y desde luego se necesita a esa gente en la sala, pero ¿qué pasa con las personas más tranquilas? No existe ninguna correlación entre ser el mejor conversador y tener las mejores ideas. Creer eso supondría dejar de lado a una gran cantidad de personas.

Los líderes de brainstorming también pueden ser los que tienen una inclinación para pensar en la “big picture” y los que sean capaces de analizar muchas ideas a la vez. Sin duda, son un activo enorme pero hemos de tener una forma más precisa y orientada a procesos para que los pensadores metódicos puedan contribuir. Al fin y al cabo ellos nos ayudarán a asegurarnos de que las ideas innovadoras sean verdaderamente llevadas a la práctica.

Los modelos típicos de innovación tienden a favorecer a cierto tipo de personas y  al combinar eso con la forma en que solemos pensar y desarrollar nuevas ideas obtenemos una tormenta de ideación ineficaz.

La manera de superar estos problemas tiene dos vertientes:

Acortar las sesiones en las que un equipo se reúne para innovar a la mitad. Y además darles un trabajo previo, un trabajo individual que estimule el pensamiento.

Crear formas que apoyen a todos los tipos de pensamiento y de conducta para comunicar las ideas. Tenlo claro: no todo el mundo va a hablar en una tormenta de ideas abierta a todos. Utiliza por tanto técnicas menos verbales (por ejemplo, el "Brainwritting").

Y luego... refuerza, refuerza, refuerza. Muestra un compromiso con la innovación, y sigue adelante con las nuevas ideas. La gente al ver acción, creerá en el proceso.

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