Fernando van Zeller Guedes, productor de vinos portugués, era un soñador. Y tenía una visión. No quería producir un vino más, quería un vino distinto. Un vino que agradase en todos los mercados, que combinase con todas las comidas (informales, formales, especiadas, de pescado, de arroz, etc.). Tenía que ser un vino ligero, fresco, de poco cuerpo, fácil de entender por cualquier tipo de bebedor y, sobre todo, que se adaptara bien a cualquier mercado internacional. Fernando pensaba también que el vino debía tener una botella muy llamativa y para ello se basó en las cantimploras que llevaban los soldados en la Primera Segunda Guerra Mundial diseñando la botella de su vino que después se ha convertido en mito. Consciente de que también necesitaba una poderosa imagen de marca, se imaginaba algo homologable a los chateau franceses. Le vino a la mente el palacio Mateus, situado cerca de Vila Real, al norte de Portugal. Ni corto ni perezoso, Fernando fue a hablar con el conde de Vila Real...
En 1969, Enrique Corcuera, aficionado al tenis, no disponía del espacio suficiente para construir una pista de tenis de tamaño reglamentario en el patio de su casa en Acapulco. En su lugar, creó una pista más pequeña, de 20 metros de largo × 10 de ancho, cerrada por muros de 3 metros de altura con la idea de evitar que la vegetación invadiera la pista y, de paso, que las pelotas no se colaran en el jardín del vecino. Enrique colocó una red de tenis en el centro. Con sus amigos, probó con diferentes pelotas y observó que la mejor era la del tenis. Al rebotar la pelota contra las paredes vieron que aquel juego se volvía más divertido y fluido. Era la primera pista de pádel de la historia. Poco después, su esposa redactó el primer reglamento de este deporte que regaló a su marido como obsequio de cumpleaños. En la década de los setenta llegó a España y a Argentina. Y en los años 80 el deporte inició su expansión internacional. Hoy en día, el pádel se practica en más de 150 países. Existe...