Algunas ideas pueden parecer altamente creativas y, sin embargo, tener unos orígenes más prácticos y mundanos. El vin jaune (o vino amarillo) de la región francesa de Jura es poco conocido por el gran público, pero su singularidad lo convierte en un motivo de fascinación para los enófilos de todo el mundo. Su rareza se debe a su exigente proceso de elaboración y a su escasa producción. Y a la peculiar botella donde se embotellan todos estos caldos: la clavelin. Se trata de una botella baja y rechoncha, con un cuello relativamente corto y con tan solo una capacidad de 62 cl. (frente a los 75 cl de la mayoría de botellas de vino del mundo). Una botella de vino claramente diferente. Podría pensarse que la botella fue diseñada por cuestiones comerciales, por mero marketing (algo en lo que los franceses son unos magos, y en particular en el mundo del vino), pero nada más lejos de la realidad. La razón es mucho más peregrina. Tras la vendimia, el vin jaune envejece en barricas de madera al...
Como adultos, podemos llegar a ser muy buenos en lo de tomarnos las cosas en serio. Siempre hay algo que organizar, resolver, mejorar o en lo que pensar. La diversión se deja fácilmente de lado como algo opcional, si acaso algo para cuando ya se han hecho las cosas importantes. Es fácil subestimar la alegría y la diversión. No resuelven ningún problema, no mejoran el rendimiento ni nos acercan a un objetivo. Sin embargo, hacen otra cosa: generan energía, ligereza y una conexión auténtica. Con frecuencia, además, cuando la diversión y la alegría se ponen en práctica, la creatividad se desborda.