"Sólo aquellos que intentan el absurdo, pueden lograr lo imposible" Albert Einstein
Cuenta la leyenda que un indio, abrasado por la fiebre, se perdió en una espesa jungla de los Andes. Allí, a altitudes superiores a los 1500 metros, crecían diversas especies del árbol cinchona (llamado por los indios "quina-quina"), siempre al amparo de las laderas húmedas de las montañas. Mientras el indio deambulaba por la selva, encontró por azar una charca de agua y, desesperado, se lanzó al suelo de la orilla para beber agua fresca. El amargo sabor de ésta le llevó a pensar que el agua estaba intoxicada con la corteza de los árboles de quina-quina vecinos, los cuales creía venenosos. No obstante, el indio prefirió aliviar su abrasadora sed aun a riesgo de las posibles consecuencias mortales que ello pudiera tener. Para su sorpresa, el agua no le causó ningún daño; de hecho, su fiebre remitió y, recuperado, fue capaz de encontrar el camino de vuelta a su poblado con una renovada energía. Tras contar la historia de su curación a sus parientes y amigos, sus colegas ...