Como adultos, podemos llegar a ser muy buenos en lo de tomarnos las cosas en serio. Siempre hay algo que organizar, resolver, mejorar o en lo que pensar. La diversión se deja fácilmente de lado como algo opcional, si acaso algo para cuando ya se han hecho las cosas importantes. Es fácil subestimar la alegría y la diversión. No resuelven ningún problema, no mejoran el rendimiento ni nos acercan a un objetivo. Sin embargo, hacen otra cosa: generan energía, ligereza y una conexión auténtica. Con frecuencia, además, cuando la diversión y la alegría se ponen en práctica, la creatividad se desborda.
Hace unos días el equipo ciclista de Movistar sorprendió cuando en la salida de la última Vuelta a España todos sus corredores aparecieron con un nuevo diseño de sus maillots. Para celebrar el triunfo de Enric Mas, cambiaron su M azul por el rojo, el color del maillot de líder de Enric. Detrás de un simple cambio de colores siempre hay mucho simbolismo. La marca quiso demostrar con ello que puede adaptarse al contexto sin dejar de ser reconocible. Y es que las marcas no viven únicamente en sus manuales de identidad. Viven en la cultura, en las conversaciones y, sobre todo, en las emociones de las personas. Y el color tiene mucho que ver con todo ello. En el proceso estratégico de construir, gestionar y dar a conocer una marca (el denominado branding ) el color no termina en el nombre del color. Importan el matiz, la saturación, la luminosidad, el contraste con otros colores, el contexto en el que aparece y, sobre todo, las asociaciones que la marca ha construido durante años. El color ...