"Abuelo bodeguero,
hijo caballero,
nieto pordiosero"
Este es un dicho muy conocido en Jerez de la Frontera, que es aplicable a cualquier otra zona vinícola del mundo y, de hecho, a cualquier negocio. Describe perfectamente el ciclo generacional de la riqueza.
Alude a lo siguiente:
El abuelo "inventa" el sabor del vino que está elaborando. Inicia un proyecto y "elige" cuál es el sabor que considera que ha de tener el vino que está preparando; conoce el valor del trabajo duro, la escasez y el sacrificio. Logra amasar una fortuna empezando desde abajo.
El hijo, que es el rico, hereda un modelo hecho - la bodega ya está pagada - y se afana en perfeccionar el método para llegar de una forma más eficiente al sabor del vino que ha creado su padre. Crece en la abundancia, pierde el contacto con la realidad del trabajo y se dedica a disfrutar del estatus sin aprender a generar dinero.
El nieto, que muchas veces ni siquiera ha tenido contacto laboral con su abuelo, da por hecho que el sabor que tiene el vino es el que ha de tener. Y sale a venderlo al mundo pensando que ese sabor se va a vender porque hasta el momento las cosas han funcionado bien.
Sin embargo, el mundo ha cambiado. El mundo siempre está cambiando. Y el sabor o la manera de elaborar el vino que antes era plenamente aceptada, ahora ya no se lleva.
En este punto solo hay dos opciones. O el nieto cambia sus ideas, o la bodega cierra porque no es capaz de adaptarse.
Lamentablemente, son muy pocos los que cambian sus ideas preconcebidas y dilapidan todo lo que con tanto esfuerzo sus antepasados lograron construir.
Tiene un nombre : la maldición de la tercera generación.
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