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Revertir las crisis y convertirlas en oportunidades


Seamos claros. Algunos problemas que tenemos los hemos creados nosotros mismos. No existen maldiciones bíblicas. 

Ahí tenemos el ejemplo del cambio climático. La solución pasa por entender que solo nosotros podemos arreglarlo (éste y otros problemas).

Y adoptar una perspectiva positiva, y al mismo tiempo realista, resulta fundamental. No tenemos otra opción.

El problema es muy grave, sin duda, y seguramente estamos en tiempo de descuento pero también estamos viviendo una época de innovación, de grandes avances, de formidables ideas y de transformaciones que nos permiten poner fin al problema y arreglarlo. Podemos darle la vuelta y convertirlo en la mayor oportunidad de la historia.

Científicos de todo el mundo han inventariado las soluciones que en estos momentos tenemos disponibles y que están maduras y han proyectado qué sucedería si estas soluciones se generalizasen hasta un  cierto umbral y sus conclusiones son taxativas: estamos en condiciones de enfriar el planeta en un determinado número de años (dependiendo de la velocidad que le imprimamos pueden ser más o menos).

El cambio climático no es un problema irresoluble. Podemos solventarlo aprovechando el potencial del cerebro humano y el conocimiento científico actual que tenemos  y que es extraordinario para comprender  cómo funcionan los ecosistemas, para generar sistemas energéticos, alimentarios, de transporte, de gestión de residuos, etc.

Existe ya un microcosmos de pioneros, de ingenieros, de agricultores, de creadores, de pescadores que están dando la vuelta a la situación y que pueden servir de faro a los demás para demostrar lo que ya funciona y así poder elegir. 

Y elegir esta opción es sabia. Sencillamente porque es mejor. La agricultura regenerativa, por ejemplo, se extiende porque es mejor. Puede frenar al desierto, recuperar el agua, limpiar el aire, moderar las temperaturas en las ciudades, eliminar muchos problemas de salud pública...

La energía renovable se sigue extendiendo porque es más barata, funciona mejor y da más resiliencia a la red que la energía basada en combustibles fósiles.

Hay esperanza. Podemos convertir las crisis en oportunidades.

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