Ir al contenido principal

Crear incomodidad para innovar




Llevamos años escuchando que la innovación es extraña e inusual y que, al mismo tiempo, ofrece grandes posibilidades y enormes beneficios (potenciales). Nos han contado cientos de historias de personas, equipos y empresas que muestran cómo innovar. En el fondo, lo que estas historias pretenden es reducir el miedo y la incertidumbre que acompaña a la innovación y mostrar que es posible tener éxito.

En las formaciones, en las reuniones y en los cambios se nos recalca repetidamente que la innovación es simple, amigable y cautivadora. En otras palabras, se dedica una importante cantidad de tiempo y también de dinero a posicionar la innovación de tal forma que la gente no la vea como complicada o amenazadora.

Todo ello tal vez haya reducido un tanto la incertidumbre y la resistencia ante las técnicas y herramientas de la innovación pero no todo el mundo acepta tan fácilmente que el nivel de riesgo e incertidumbre asociado a la innovación se haya eliminado. De hecho, no hay en ningún sitio gente tan reacia a aceptar las nuevas ideas como en los equipos o en las organizaciones en las que alguien intentar lanzar nuevas ideas que traten de modificar o de alterar los métodos o los procesos existentes en la actualidad.

Por tanto, como lo de reducir el miedo y la incertidumbre no ha funcionado, propongo adoptar otra estrategia.

Lo que deberíamos hacer, en lugar de crear mayor comodidad hacia la innovación, es crear incomodidad sobre la situación actual. Nada genera más energía y entusiasmo por el cambio que un cambio corporativo estratégico inminente, una amenaza externa o un profundo cambio en el mercado.

Todas estas situaciones tienen la peculiaridad de crear cierto malestar con el status quo. Y cuando el status quo es incierto es el momento en que la innovación puede empezar a ser vista como algo muy atractivo. Puede que no seamos capaces de eliminar la complejidad o el miedo a la innovación para conseguir una participación en la innovación de manera más regular, pero al menos crear malestar con el status quo puede impulsar más oportunidades para la innovación. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El ultraísmo: la vanguardia poética que rompió con el pasado

En el torbellino cultural del siglo XX, surgieron movimientos artísticos que buscaron romper con las normas establecidas y expresar el espíritu cambiante de la época. Uno de esos movimientos, quizá no tan conocido como otros, pero profundamente influyente, fue el ultraísmo literario. Breve pero intenso, el ultraísmo dejó una marca en la poesía moderna, especialmente en el mundo hispano. El objetivo del ultraísmo fue superar al modernismo, que consideraba recargado y anacrónico. Su propuesta era renovar la poesía, despojándola de lo ornamental y lo sentimental para convertirla en un arte más conciso, audaz y visual. Estos postulados definían su estética: Reducción del poema a su esencia : eliminación de adornos, anécdotas y elementos narrativos innecesarios. Supremacía de la metáfora . El poema debía construirse como una red de imágenes fuertes y sorprendentes. Rechazo de la rima y de la puntuación tradicional para dar mayor libertad al ritmo y a la interpretación. Influencia de la ...

Sólo por la noche

¿Qué cosa es la que sólo se puede hacer por la noche ?   ( Nota : La persona que responda de forma más creativa (y adecuada) al reto planteado recibirá como obsequio un ejemplar firmado de mi libro " Creatividad. Observar y pensar de forma diferente ".)  Reto vigente hasta finales de 2010.

La historia de los Lacasitos

Hablar de las conocidas grageas de chocolate con leche cubiertas por 150 capas de azúcar de siete colores diferentes (blanco, rojo, marrón, azul, verde, amarillo y naranja) es hablar de innovación.  Aunque mucha gente piensa que se trata de un plagio de los Smarties (a los que sí parece que plagió M&M's), el invento en cuestión (1982) procede de cuando los hermanos Lacasa – propietarios de una empresa centenaria fabricante de turrones – probaron los Lenti , un producto de chocolate del tamaño de una lenteja, en un viaje a Italia.  A la vuelta, pensaron en hacer un producto similar en su fábrica de Utebo (Zaragoza). Los hermanos Lacasa convencieron al maestro chocolatero de la casa italiana, Romano Quianelli, para que se fuera con ellos. Era 1979. Primero presentaron un producto parecido al actual en una Feria Internacional y tras el éxito cosechado siguieron mejorando su receta hasta la que conocemos actualmente. En quién se inspiró Quianelli para crear ...