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La invención de un icono mundial: el hombre de la capa

George Sandeman, escocés, se estableció en 1790 como agente para vender vino en Londres. En esa época, los vinos que tenían interés mercantil eran los vinos que resistían largos viajes sin estropearse (Jerez, Oporto, Madeira, Marsala y pocos vinos más).

Estos vinos eran codiciados por los ingleses para llevarlos por todo el mundo y eran los grandes vinos, los más caros, los más lujosos y los mejor valorados por los conocedores.

Se vendían en botas (barricas) ya que en aquella época no se embotellaban. Sandeman fue pionero en poner su marca en todas las barricas (con sus iniciales GSC, George Sandeman & Co) para garantizar la calidad del vino con un hierro al rojo vivo.

Una vez llegados a su destino, los vinos se pasaban a a botellas para venderlos a bares, restaurantes, tabernas... y para el consumo de las familias ricas. Los sucesores de Sandeman compraron bodegas en Oporto, Jerez y Madeira (donde la marca está muy establecida).

La marca Sandeman fue pionera en asociar un logo a sus vinos, revolucionando el mercado de la época ya que en el siglo XIX no se estilaban esas acciones publicitarias. Luego, desde 1910 hasta 1926 adquirieron las más vanguardistas pinturas de los artistas más cotizados del momento para ilustrar su imagen corporativa. Era la Belle-Époque.


El pintor Jean D’Ylen creó para ellos uno de los reclamos más controvertidos. Se trataba de un centauro que sujeta una botella en cada mano mientras una mujer hace vanos esfuerzos por arrebatárselas. El dibujo provocó reacciones del público más puritano que señalaban que el logo era un dibujo diabólico que además humillaba a la mujer, y solicitaban la retirada inmediata del cartel.

Para evitar conflictos, en 1928, desde la dirección de la empresa, se decidió encargar un logotipo nuevo. El autor del nuevo logo fue el desconocido artista escocés George Massiot Brown y que firmó como G. Massiot para pasar por francés dado el auge que, en aquel momento, tenía el país galo en el mundo pictórico.

La nueva imagen de la marca - hasta 1935 no se utilizó como etiqueta en las botellas - representa una enigmática figura de la que tan sólo se vislumbra una copa de vino rojo que sujeta en la mano derecha. Su rostro está oculto por la sombra, viste totalmente de negro con una capa portuguesa como la que utilizaban los estudiantes universitarios de Coimbra, y se toca con un sombrero español de ala ancha, típico de los caballeros de Jerez. 

Estas dos prendas simbolizan el vínculo original de las bodegas Sandeman con los vinos de Oporto y Jerez (Sherry) respectivamente. El misterioso personaje se bautizó como Don.

Existen diversas teorías sobre la identidad del icono, pero todo son meras especulaciones muy difíciles de comprobar.

En todo caso, lo cierto es que Don Sandeman, el hombre de la capa, es uno de los logotipos publicitarios de vino más reconocidos a nivel mundial... y seguramente de los más acertados por esa sabia mezcla de lo ibérico de la bodega portuguesa de Oporto con las bodegas españolas de Jerez.

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