Ir al contenido principal

El censor interior


¿Alguna vez has tenido una idea "descabellada"? ¿Alguna vez has pensado en una idea tan ridícula que no te atreviste a mencionársela a tus colegas porque sabías que se reirían de ti? ¿Alguna vez te has quedado para ti con una idea en lugar de compartirla con los demás simplemente porque estabas seguro de que la rechazarían o porque pensaste "¿para qué molestarse?"?

Si es así, bienvenido al club. Esto nos sucede porque tenemos en nuestra mente una especie de censor interior que revisa nuestras ideas y rechaza aquellas que encuentra inadecuadas. No hay nada malo con esta situación. De hecho, seguramente las únicas personas que no tienen censores internos son aquellas que están completamente locas.


El censor interior es un filtro mental probablemente necesario. Nos impide proporcionar impulsivamente ideas que pueden ser peligrosas, ofensivas o inmorales. Por ejemplo, si estamos pensando en maneras innovadoras para ganar dinero y tenemos una idea que implica el robo, la censura interna nos impedirá tomar esa idea en serio. Si estamos llevando a cabo, una "tormenta de ideas" con un colega del trabajo, el censor interior nos impide sugerir ideas que tal vez podrían ser inadecuadas en y para la oficina. 

Por desgracia, en la mayoría de personas, esa censura interna es demasiado estricta. No sólo censuramos nuestras propias ideas porque puedan ser ofensivas, sino sobre todo porque tememos que pueden ser ridículas y que al compartir estas ideas podríamos "quedar mal". También censuramos nuestras propias ideas, porque hemos aprendido que los colegas suelen rechazar las sugerencias inusuales. Con el tiempo, nuestra mente creativa aprende a anticiparse a la censura interna y simplemente se detiene ante la elaboración de ideas potencialmente escandalosas. Y esta es una mala noticia: la censura interna hace mella en nuestra creatividad.

De hecho, por eso los niños pequeños pueden ser tan imaginativos: sus censores internos son laxos o inexistentes y sólo a medida que se van haciendo adultos, su censor interior aprende a estar cada vez más vigilante y a ser más severo. Hasta el punto de que muchas veces, acaba con las ideas originales tan pronto se empiezan a formular en la propia mente.

Esta situación, sin embargo, no tiene por qué ser así y puede ser gestionada.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El ultraísmo: la vanguardia poética que rompió con el pasado

En el torbellino cultural del siglo XX, surgieron movimientos artísticos que buscaron romper con las normas establecidas y expresar el espíritu cambiante de la época. Uno de esos movimientos, quizá no tan conocido como otros, pero profundamente influyente, fue el ultraísmo literario. Breve pero intenso, el ultraísmo dejó una marca en la poesía moderna, especialmente en el mundo hispano. El objetivo del ultraísmo fue superar al modernismo, que consideraba recargado y anacrónico. Su propuesta era renovar la poesía, despojándola de lo ornamental y lo sentimental para convertirla en un arte más conciso, audaz y visual. Estos postulados definían su estética: Reducción del poema a su esencia : eliminación de adornos, anécdotas y elementos narrativos innecesarios. Supremacía de la metáfora . El poema debía construirse como una red de imágenes fuertes y sorprendentes. Rechazo de la rima y de la puntuación tradicional para dar mayor libertad al ritmo y a la interpretación. Influencia de la ...

Sólo por la noche

¿Qué cosa es la que sólo se puede hacer por la noche ?   ( Nota : La persona que responda de forma más creativa (y adecuada) al reto planteado recibirá como obsequio un ejemplar firmado de mi libro " Creatividad. Observar y pensar de forma diferente ".)  Reto vigente hasta finales de 2010.

La historia de los Lacasitos

Hablar de las conocidas grageas de chocolate con leche cubiertas por 150 capas de azúcar de siete colores diferentes (blanco, rojo, marrón, azul, verde, amarillo y naranja) es hablar de innovación.  Aunque mucha gente piensa que se trata de un plagio de los Smarties (a los que sí parece que plagió M&M's), el invento en cuestión (1982) procede de cuando los hermanos Lacasa – propietarios de una empresa centenaria fabricante de turrones – probaron los Lenti , un producto de chocolate del tamaño de una lenteja, en un viaje a Italia.  A la vuelta, pensaron en hacer un producto similar en su fábrica de Utebo (Zaragoza). Los hermanos Lacasa convencieron al maestro chocolatero de la casa italiana, Romano Quianelli, para que se fuera con ellos. Era 1979. Primero presentaron un producto parecido al actual en una Feria Internacional y tras el éxito cosechado siguieron mejorando su receta hasta la que conocemos actualmente. En quién se inspiró Quianelli para crear ...