30 mayo 2019

La ineficacia de la enseñanza (tradicional)


Leo una entrevista con uno de los más reputados expertos en aprendizaje infantil, el indio Sugata Mitra. 

Hace 25 años, cuando se creía que eran necesarias muchas horas de aprendizaje para manejar un ordenador se le ocurrió la idea de ir a un suburbio de Delhi y dejar un ordenador con conexión a Internet a niños que no habían visto nunca ninguno, que no habían ido a la escuela y que no hablaban inglés. 

En pocas horas, el niño que recibía el ordenador estaba navegando por la red y enseñando a otros niños a hacerlo sin intervención de ningún adulto. 

Repitió el mismo experimento en otros barrios y en otros países. Siempre con los mismos resultados. Tampoco registró diferencias cuando consideró el nivel socio económico de origen de los niños. 

Su primera conclusión: hasta los 12 años todas las mentes de los niños son brillantes y su capacidad de autoaprendizaje sorprendente.  

A tenor lo que buscaban los niños cuando se conectaban a Internet (básicamente, juegos; medicamentos para sus abuelos; temas de actualidad de los que oían hablar a los adultos y las respuestas a sus deberes escolares) y, en especial, de que eran capaces de aprender por sí mismos sin ayuda del profesor, formula su segunda conclusión: 

internet ha convertido la enseñanza tradicional con maestros en el método más caro y menos efectivo de enseñanza.  ¿Por qué? Sencillamente, acumular datos carece de sentido. 

25 mayo 2019

Aferrarse a los errores


"No te aferres a un error simplemente porque has estado mucho tiempo cometiéndolo"

Autor desconocido

20 mayo 2019

El profesor perfecto


La pasada semana, un inspector educativo visitó una escuela de Primaria con el objetivo de cerciorarse de que los alumnos alcanzaban los objetivos previstos. 

Uno de los profesores le dejó impresionado. Cada vez que éste formulaba una pregunta, todos los niños en la clase alzaban el brazo de forma entusiasta. 

Además, cada vez el docente seleccionaba un niño diferente para responder a la pregunta, y las respuestas siempre eran correctas. 

¿Cómo puede ser esto posible? 

15 mayo 2019

Ideas para obtener agua


El suministro de agua es un tema de importancia crítica, especialmente para las personas que viven en las partes más áridas del mundo. 

Las tecnologías de inspiración biológica pueden ayudar a enfrentar el desafío de proporcionar agua limpia de la manera más eficiente posible. 

Un nuevo método para recoger agua del medio ambiente en el desierto se ha inspirado en plantas e insectos adaptados a vivir en estas condiciones extremas, con acceso limitado al líquido elemento.

Así por ejemplo, el cactus, el escarabajo y las hierbas del desierto obtienen agua condensada de la niebla nocturna recogiendo gotitas del aire y filtrándolas a las raíces o reservorios, proporcionando suficiente hidratación para sobrevivir.

Un equipo investigador de la Universidad de Ohio, ha estudiado cada uno de estos seres vivos y se ha dado cuenta de que es posible construir un sistema similar, aunque más grande, para permitir a los humanos extraer el agua de la niebla o la condensación durante la noche. 

Para ello, comenzaron a estudiar las formas en que las diferentes superficies podrían acumular agua y qué superficies podrían ser las más eficientes. Usando impresoras 3D, construyeron superficies con protuberancias y púas, y luego crearon ambientes cerrados y con niebla utilizando un humidificador comercial para ver qué sistema recolectaba la mayor cantidad de agua.

Entre sus conclusiones se encuentran el hecho de que las formas cónicas recogen más agua que las formas cilíndricas, como hace el cactus. El agua se acumula en la punta del cono, luego fluye por la pendiente del cono hasta el fondo, donde un reservorio está esperando.

Las superficies con ranuras mueven el agua más rápidamente que las superficies lisas, aproximadamente el doble de agua.

Y en cuanto a los materiales, las superficies hidrófilas, aquellas que permiten que el agua forme gotas en lugar de absorberla, acumulan mayor cantidad de agua.

De momento, el trabajo se ha realizado únicamente en el laboratorio, pero el trabajo se está ampliando y se piensa en fabricar estructuras en el desierto que podrían acumular agua de la niebla o la condensación. 

La naturaleza siempre es un buen lugar donde mirar.

10 mayo 2019

La innovación no es un problema de ideas


Cuando las organizaciones tratan de potenciar los esfuerzos en innovación, casi siempre parten de la misma asunción: "necesitamos más ideas". Y luego empiezan a hablar de la necesidad de "pensar fuera de la caja" para de esta forma encontrar ideas que puedan conducir a nuevos productos o a sistemas que sean viables.  

Sin embargo, en casi todas ellas lo que faltan no son precisamente ideas, sino más bien darse cuenta de que las buenas ideas ya están allí. No es un problema de ideas, es un problema de reconocimiento. Las ideas que podrían mantener a las empresas a flote y en primera línea, suelen ser aniquiladas demasiado rápidamente. 

Se necesita por tanto un sistema, una cultura que crea firmemente que cualquier persona en la empresa puede tener ideas geniales que luego pueden llegar a funcionar en el mercado. 

El continuo por tanto no es "idea-solución", sino "reconocimiento-solución". 

05 mayo 2019

Aprender, desaprender y reaprender


"En este siglo XXI, los analfabetos no serán aquellos 
que no sepan leer ni escribir, 
sino aquellos que no sepan 
aprender, desaprender y reaprender"

Alvin Toffler

30 abril 2019

Biometría de voz


Más de 23 millones de internautas de todo el mundo sufren cada día el robo de contraseñas por utilizar combinaciones poco seguras, obvias e intuitivas. 

Los ciberdelincuentes utilizan programas especiales que van probando claves hasta dar con la correcta (la "qwertyuiop", una de las más usadas, el programa más sencillo tarda menos de 1 segundo en desvelarla). 

Tener una contraseña segura es fundamental pues detrás de ella hay mucha información. Los expertos han trabajado mucho últimamente en biometría, esto es, en las técnicas de reconocimiento basadas en rasgos conductuales o físicos.  

La biometría de voz marca un momento que se considera disruptivo en el campo de la identificación. Se estima que un plazo de menos de dos años todas las contraseñas serán sustituidas por los nuevos sistemas de identificación.

La voz, al ser una herramienta personal e intransferible, permite identificarse sin necesidad de recurrir a palabras clave memorizadas y simplemente comunicándose con el dispositivo, una de las acciones más naturales. 

Resulta prácticamente imposible falsificar la voz de una persona para engañar a un sistema biométrico con o cual los problemas de seguridad quedan totalmente resueltos. Además también tiene validez legal (aunque la plataforma utilizada debe cumplir con el Reglamentoi Europea eIDAS) y supone un considerable ahorro de tiempo. 

25 abril 2019

Un salto revolucionario


Las crisis y los agitados cambios en nuestro entorno muy a menudo abren las puertas de nuevas oportunidades para la innovación - si tenemos ojos para verlas. 

Hasta la década de 1960, los saltadores de altura de élite utilizaban básicamente tres técnicas para tratar de superar el listón: el rodillo lateral, el rodillo ventral o el salto de tijera. Todas ellas se caracterizaban por dar la oportunidad al saltador de aterrizar sobre sus pies (o por lo menos de hacerlo con mucho cuidado en el suelo) una vez que el salto se había realizado. 

Esto era esencial para evitar lesiones dado que la mayoría de superficies de aterrizaje en ese momento eran de arena dura, de serrín o de esteras amontonadas. 

Sin embargo, durante la década de 1960, el advenimiento de las más suaves superficies de espuma en la zona de caída de los saltos de altura minimizó esa preocupación por los aterrizajes seguros. El deporte de salto de altura estaba maduro para la innovación.

Dick Fosbury no lograba dominar las técnicas de salto utilizadas hasta ese momento, cuando se encontraba en su etapa de aprendizaje (a mediados de los años 50). Después de mucho entrenamiento, Fosbury empezó a obtener resultados que le permitieron mejorar sus saltos y llamar la atención de sus entrenadores.

Poco a poco Fosbury, sin la autorización ni la guía de sus entrenadores, y actuando por instinto, introdujo una nueva técnica para saltar el listón: se acercaba a él en carrera y  justo cuando saltaba para superar la barra, giraba su cuerpo completamente y caía sobre su espalda.


Sus entrenadores lo instaron a mantenerse dentro de las técnicas establecidas, pero al ver que Fosbury cada vez conseguía mejores resultados, tuvieron que aceptar que el salto del muchacho era mejor que cualquier otro.

Con un salto de 1’90 metros, el joven atleta impuso una nueva marca en su escuela secundaria a falta de tres años para su graduación y, al año siguiente, en los campeonatos estatales finalizó segundo al conseguir un registro de 1’97. Su particular estilo de sobrepasar la barrera se hizo famoso cuando una fotografía empezó a circular a nivel mundial, con el epígrafe de "El saltador más perezoso del mundo", provocando risas y burlas en todos los que la observaban.

Un reportero del diario de la ciudad natal de Fosbury, escribió que el saltador parecía "un pescado recién sacado del agua, dando saltos dentro de un barco".

Fosbury se matriculó en la Universidad de Oregon en 1965 y tres años más tarde ya era campeón universitario nacional, además de imponerse en los clasificatorios para los Juegos Olímpicos de 1968, en Ciudad de México, escenario que, posteriormente, lo consagraría en la historia deportiva.


Sus primeros saltos sorprendieron a los espectadores que nunca habían visto esta técnica. Una sensación de incredulidad prevalecía ante el singular estilo de Fosbury. Muchos se burlaron. De hecho, los aficionados creían que se trataba de una broma. “Cuando la final se ponga seria, el americano saltará como los demás”, decían.

Para su último salto, todo el estadio estaba apoyando a Fosbury. El público estaba estupefacto al ver la efectividad de la técnica del norteamericano.

La atención a la final del evento fue tal magnitud que su último intento llegó justamente en el momento en que los corredores del maratón olímpico (la prueba reina de las Olimpiadas) entraban en estadio, algo que siempre arranca una ovación de pie del recinto completo. En esta ocasión, sólo se escucharon unos aplausos tímidos entre las tribunas, pues todos los ojos estaban sobre el atleta.

Fosbury arrancó una gigantesca aclamación cuando superó el listón fijado en los 2,24 metros de altura y batió el récord olímpico.

Cuatro años más tarde, de los 40 competidores que participaban en la especialidad de salto de altura en Munich 1972, 28 utilizaban ya el método de Fosbury. En Moscú 1980, lo utilizaban 13 de los 16 finalistas. En Los Ángeles 1984, todos los atletas de esa disciplina deportiva utilizan ya el denominado “Fosbury Flop”.

Hoy, las viejas técnicas del salto de altura son inexistentes y cuando son investigadas por personas que nunca las han visto, generalmente surgen las risas y las miradas incrédulas.

La técnica de Fosbury ha trascendido la disciplina del salto de altura y se utiliza como un ejemplo viviente de innovación, demostrando que muchas veces cuando alguien rompe esquemas y parámetros termina llegando más lejos que aquellos que sólo se dedican a seguir las reglas y los caminos ya establecidos.

Muchas veces es preciso un cambio en el entorno - en el caso citado, el advenimiento de la más suave superficie de espuma en la zona de caída – para que emerjan las oportunidades de innovación. Dick Fosbury se aprovechó del cambio para dar al mundo su famoso innovador "Fosbury Flop".

¿Qué está cambiando en tu entorno? ¿Cómo puedes aprovechar la situación existente para crear una innovación disruptiva en tu mercado, en tu industria o en tu profesión?

20 abril 2019

Engañar al cerebro


Está comprobado que las palabras que nos decimos a nosotros mismos, y también a los demás, tienen un gran poder. 

Algo parecido sucede con la creatividad. Si uno piensa que no es creativo, probablemente tenga razón.

De hecho, la manera en que nuestra mente suele funcionar representa un serio impedimento para conectar con el mundo creativo. Estamos acostumbrados a utilizar la lógica, la racionalidad, a pensar en términos de ideas encadenadas donde un pensamiento sigue a otro, a utilizar palabras para nombrar, describir y definir. Y así es como nos enseñan a pensar (y pensamos) prácticamente desde que nacemos. 

Este tipo de pensamiento (vinculado en exclusiva a una parte concreta del cerebro: el hemisferio izquierdo) no tiene nada de malo en sí mismo.  Pero cuanto más utilizamos esta parte del cerebro y esta manera de pensar más se convierte en forma de pensar dominante. Y necesariamente esto conduce a una infravaloración de las (enormes) potencialidades del hemisferio derecho. Algo que hoy en día continúa, desafortunadamente, vigente en los procesos educativos de nuestros hijos. Y, claro, todo ello nos aleja del pensamiento creativo.

¿Qué hacer entonces? Lo mismo que podemos hacer con las palabras que nos decimos a nosotros mismos: si cambiamos nuestras palabras, también cambiamos nuestro mundo.

Al hablar de creatividad, la propuesta es equivalente: si logramos engañar al cerebro y desconectar del hemisferio izquierdo nos acercaremos más a otros tipos de pensamiento (conectados a la otra parte del cerebro: el hemisferio derecho) y, por tanto, más a la creatividad.

Una de las claves para ser creativo consiste, por tanto, en engañar al cerebro. Ése es precisamente el propósito de muchas de las denominadas técnicas creativas. 

15 abril 2019

Formular hipótesis



La palabra hipótesis viene del griego “hipothesis” e implica la acción de suponer, fundamentar, colocar una base debajo. La hipótesis supone una explicación provisional que necesita ser comprobada pero, que al mismo tiempo, anuncia en cierto modo una posible solución de un desafío.

Cuando los científicos realizan suposiciones y plantean hipótesis buscan cómo justificarlas. Este es un paso crucial en la metodología científica. Alguien dijo que las hipótesis son como redes que, una vez lanzadas, tarde o temprano van a ayudarnos a encontrar algo. Formular hipótesis es buscar explicaciones probables y posibles, y aproximarse a una respuesta. Ello significa ser muy consciente de que es perfectamente factible encontrar más de una posibilidad. Formular hipótesis es una habilidad fundamental para el pensamiento creativo.

Conviene por tanto acostumbrarse a considerar una variedad de posibilidades que puedan resolver cualquier desafío. Por eso, es fundamental concebir la mayor cantidad posible de hipótesis. Para cada desafío creativo podemos lanzar múltiples hipótesis.

Para formular dichas hipótesis la clave consiste en plantearse distintos tipos de preguntas tales como: ¿y si…?, ¿qué pasaría si…?, ¿de qué maneras podemos…?

Realizar unos sencillos cambios de palabras en el enunciado del reto creativo puede proporcionarnos el estimulo necesario para tener nuevas ideas.

Imaginemos por un momento que queremos mejorar las reuniones que se realizan en nuestra organización (¿te es familiar esta situación?). Podemos empezar a plantearnos hipótesis sobre ese reto creativo:

·     * ¿De qué manera podemos hacer mejores reuniones?

·    * ¿De qué manera podemos hacer que las reuniones sean más productivas?

·     * ¿De qué manera podemos hacer que las reuniones sean más participativas?

·      * ¿De qué manera podemos hacer menos reuniones?

·      * ¿De qué manera podemos hacer reuniones más cortas?

·      * Etc…

Escoger una u otra hipótesis de trabajo puede conducirnos a ideas y, por tanto, soluciones muy diferentes.

Recuerdo cómo, en una de las últimas ocasiones que trabajé con este mismo desafío en una empresa, de las hipótesis resultantes surgió una idea que fue catalogada como tremendamente creativa: celebrar las reuniones de pie.