Como adultos, podemos llegar a ser muy buenos en lo de tomarnos las cosas en serio. Siempre hay algo que organizar, resolver, mejorar o en lo que pensar. La diversión se deja fácilmente de lado como algo opcional, si acaso algo para cuando ya se han hecho las cosas importantes. Es fácil subestimar la alegría y la diversión. No resuelven ningún problema, no mejoran el rendimiento ni nos acercan a un objetivo. Sin embargo, hacen otra cosa: generan energía, ligereza y una conexión auténtica. Con frecuencia, además, cuando la diversión y la alegría se ponen en práctica, la creatividad se desborda.
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