Hoy en día, nadie se imagina una actuación de un grupo flamenco sin una caja de madera marcando el compás. Sin embargo, esa caja no existía en España hace cincuenta años, Su incorporación es un ejemplo de innovación, valentía y evolución.
Hasta su aparición, todo el flamenco estaba sostenido por las manos y los pies. El compás no salía del instrumento, salía de las personas. De los bailaores y los palmeros.
En los años setenta, desdeñando a los puristas, Paco de Lucía ya estaba empezando a evolucionar el flamenco tradicional. La guitarra era más compleja y más rápida. Empezaba a introducir armonías de jazz, aparecían "nuevos" instrumentos como la flauta, el bajo...y, en este contexto, él notaba que las palmas se quedan pequeñas para sostener toda esa fuerza.
En 1977, durante una fiesta celebrada en Lima, Paco de Lucía vio tocar a Caitro Soto el cajón afroperuano, un sustituto de los tambores que los esclavos utilizaban en África y que el Virreinato de Perú, en el siglo XVII, había prohibido por considerarlos instrumentos paganos.
Paco entendió inmediatamente que el instrumento poseía la precisión rítmica y el peso necesario que el flamenco necesitaba para proseguir su evolución.
El cajón tenía ese sonido agudo del tacón de un bailaor y también el grave de la planta. Paco de Lucía no dudó en comprarle el cajón a Caitro y en dárselo a una persona de su grupo (Rubem Dantas) diciéndole que, a partir de entonces, ésa sería su percusión.
Acababa de cambiarse la historia del flamenco. El cajón pasaba a tener el papel de reforzar y sostener el ritmo sin interferir en la libertad expresiva del cante o de la guitarra.
La técnica se fue poco a poco adaptando, diferenciando entre graves y agudos, utilizando el centro o las esquinas del instrumento. El cajón se integró plenamente, pasando a ser esencial en el flamenco moderno, lo cual supuso una verdadera transformación.
Al hacerlo, el instrumento empieza también a cambiar. En los ochenta, se ponen cuerdas internas pegadas a la tapa para que vibren con el golpe y lograr así un sonido más arenoso en comparación con el sonido seco y directo del original. También se introdujeron más adelante pequeños cascabeles o sonajeros en el interior, lo cual llevaba al instrumento mucho más allá de marcar el tiempo.
Las maderas utilizadas también cambian y en lugar de las densas maderas tropicales del cajón afroperuano se empiezan a usar otras maderas como la de abedul, más ligera, de respuesta más rápida y con un toque que ofrece más matices.
El instrumento ya no tenía nada que ver con el cajón afroperuano. Había nacido el cajón flamenco.
El cajón flamenco, por cierto, supuso también una revolución no esperada en los escenarios y, en particular, en el baile.
Donde antes el ritmo dependía esencialmente del taconeo y el bailaor tenía que estar marcando constantemente para que no cayese el compás, ahora con el cajón dando ese pulso constante y estable, el baile podía también empezar a experimentar... ahora se pueden hacer silencios más largos, se puede parar, sostener un gesto o experimentar con el braceo sin estar pendiente del taconeo.
Pero eso ya corresponde a otra historia...
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