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La reinvención del negocio del pádel (o su muerte anunciada)


Sucede en muchos negocios. Y el pádel no iba a ser una excepción. Algunos lo veían venir. Otros, se han pillado los dedos.

Veamos el ejemplo de Suecia. Hace apenas cuatro años, era considerada el Silicon Valley del pádel europeo. Todo el mundo quería invertir allí. Los fondos de inversión desembarcaron en masa, las naves industriales se reconvirtieron en clubes indoor y el crecimiento parecía infinito. El país llegó a abrir pistas a un ritmo absolutamente descontrolado.

Hoy, la realidad es completamente distinta: saturación del mercado, exceso de oferta, caída en la utilización de pistas, cierres de clubes...

¿El problema? La oferta creció mucho más rápido que la demanda real.

En muchos casos se construyeron clubes enormes con costes energéticos altísimos y en ciudades que no tenían suficiente masa crítica de jugadores. Durante el boom parecía que cualquier pista indoor iba a ser rentable. Sin embargo, cuando la demanda se estabilizó, muchísimos clubes descubrieron que no podían llenar horarios ni cubrir costes operativos. Crecer rápido no garantiza un mercado sostenible.

Otros países viven situaciones similares. En Chile, muchísimos clubes han tenido que cerrar. En Finlandia, muchos clubes dependen únicamente de unas pocas horas fuertes al día para sobrevivir económicamente lo cual conlleva muchas dificultades estructurales para mantener la rentabilidad.

Es cierto que en otros países el negocio marcha viento en popa: Reino Unido, España, Alemania... si bien también se empieza a notar una ralentización del negocio.

La situación debería servir de aviso ante un hecho insoslayable: los negocios cambian. Ahora los clubes ya no ganan dinero alquilando pistas únicamente. Los modelos más rentables del mundo están construyendo ecosistemas completos: academias, zonas de restauración, gimnasio, eventos... y potenciar la comunidad social.

El pádel global sigue creciendo. Mucho. Pero probablemente ya no basta con abrir pistas. Ahora hay que innovar y ganará quien consiga crear comunidad, fidelizar jugadores y convertir el club en un lugar donde la gente quiere pasar tiempo más allá del partido.

No hay nada eterno.

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