Per-Ingvar Brånemark investigaba el papel que juega el flujo sanguíneo en la reparación de las fracturas óseas, en particular el proceso de regeneración entre la sangre y la médula ósea después de un accidente.
En 1952, en uno de sus estudios, colocó cámaras ópticas protegidas con titanio puro en la tibia de conejos. Las cámaras consistían en un tubo de titanio con lentes y luz en ambos extremos, que estaban conectadas a un microscopio. Como las cámaras eran caras, una vez finalizado el estudio, Brånemark quiso recuperarlas.
Sin embargo, tuvo una sorpresa mayúscula: el hueso se había soldado a la superficie del tubo de titanio con tanta fuerza que no podían separarse.
Per-Ingvar llamó "osteointegración" a este proceso mediante el cual el hueso se une a nivel celular y molecular con el titanio.
Intrigado por este fenómeno, sus investigaciones se concentraron entonces en el estudio del comportamiento del titanio en animales y en voluntarios humanos.
A pesar de que la teoría convencional señalaba que la introducción de cualquier material extraño causaba primero inflamación y después el rechazo del cuerpo, el titanio refutó estas afirmaciones. El metal resultaba totalmente inocuo en los tejidos blandos. Y eso le hacía suponer grandes avances en distintos campos de la Medicina.
Como suele suceder, convencer a sus colegas de ello no resultó sencillo. Las luchas con los odontólogos y las organizaciones odontológicas fueron titánicas. Y fue ya en 1975 cuando se aprobaron el uso de (limitados) implantes en Suecia. En España, fue a finales de los ochenta. Y también a cuentagotas.
Posteriores investigaciones de Brånemark marcaron el comienzo de una nueva era en la odontología, confiriendo por primera vez a los dentistas la capacidad de reemplazar dientes naturales de forma predecible y permanente. Hoy se dice que un implante dental utilizado para reemplazar un diente puede durar toda la vida y la tasa de éxito es superior al 90%.
Las aplicaciones de los implantes de titanio se han extendido , además, mucho más allá de la odontología, y la osteointegración se utiliza desde hace años en medicina, especialmente en ortopedia, y también veterinaria.
Por fortuna, en este caso, el investigador fue galardonado con el Premio Soderberg de la Sociedad Sueca de Medicina (considerado el mini Nobel), con la medalla de la Academia Sueca de Ingeniería, por la Escuela de Medicina Dental de Harvard o por la Sociedad Real de Medicina del Reino Unido. Además de ser nombrado Doctor Honoris Causa por más de treinta universidades.
Bränemark ni siquiera era dentista, pero no cabe duda de que supo sacar consecuencias de un hecho absolutamente fortuito.
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