Si das un paseo por el bosque, nunca te encontrarás un brócoli silvestre. ¿Por qué? Porque es un invento del hombre.
La historia es la siguiente: los agricultores etruscos cogieron coles silvestres, las cultivaron y finalmente seleccionaron los especímenes más carnosos y robustos y los volvieron a cultivar, siguiendo el mismo proceso de siembra y selección hasta que, año tras año, se crearon muchas variaciones nuevas dentro de la misma especie.
Esta mutación provoca la modificación en la estructura de las flores, dando origen a dos especies diferentes: brócoli y coliflor. En latín las bautizaron como “coliflor” - caulis (tallo) y floris (flores) - y la usaban indistintamente para referirse a ambas. La palabra brócoli surgió mucho tiempo después para distinguir a la especie de flores verdes y proviene del italiano "broccolo" que significa retoño. En el brócoli nos comemos las flores inmaduras y en la coliflor las flores abortadas.
Esta hortaliza se cultivó mucho en Italia hasta que en el siglo XVIII se introdujo en Estados Unidos. Pero no fue hacia mediados del siglo pasado cuando el brócoli cogió fuerza y empezó a cultivarse de forma masiva.
Los estadounidenses e ingleses son los que más comen brócoli. Los ingleses consumen casi 5 kilos de media per cápita al año. Mientras, cada estadounidense come una media de 2,5 kilos de brócoli al año. Los españoles, únicamente comemos 900 gramos de media al año…
Esa selección artificial de los agricultores y las mutaciones aleatorias del ADN, han conducido a este verde manjar que jamás habría existido sin la intervención humana.
Por cierto, el mismo caso que el brócoli ha sucedido con la coliflor, el repollo, el repollo de Bruselas, el colirábano, el repollo rizado y la berza.
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