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La importancia de los accidentes


En no pocas ocasiones la preferencia por una tecnología frente a otra se debe, más bien, a accidentes históricos que a la propia superioridad de la tecnología adoptada.  

Esto es lo que sucedió en nuestra preferencia por los motores de gasolina frente a los de vapor. 

En 1890  había tres formas de propulsar los automóviles - el vapor, la gasolina y la electricidad - de los cuales una era clarísimamente inferior: la de la gasolina. Pero la carrera de coches sin caballos organizada por el Chicago Times-Herald fue un momento decisivo. La ganó un coche de gasolina. Se dice que esto fue lo que llevó a R.E. Olds a patentar en 1986 un motor de gasolina que posteriormente produjo en serie.

Pero el vapor continuó siendo viable como fuente de energía hasta 1914, cuando se produjo un brote fiebre aftosa en Norteamérica. Eso llevó a cerrar los abrevaderos de caballos, que era donde podían llenarse de agua los coches de vapor. Los hermanos Stanley tardaron tres años en desarrollar un sistema de condensador y caldera que no necesitaba llenarse cada 50 ó 60 kilómetros. Pero para entonces ya era demasiado tarde. El coche de vapor nunca se recuperó... 

Por supuesto, no hay dudas de que la tecnología actual de la gasolina es mejor que la de vapor pero ¿cómo habría sido la tecnología de vapor si le hubieran dedicado cien años de investigación y desarrollo?

Algunos ingenieros creen que el vapor era una apuesta mejor... 

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