20 abril 2018

Los (necesarios) riesgos de algunas ideas



Hace unas semanas un coche en autónomo en pruebas atropelló y mató a una mujer en Estados Unidos. La compañía ha paralizado las pruebas en entornos reales. Otras organizaciones competidoras han hecho lo propio.

Pero, si hubiera habido un conductor al volante tampoco hubiera sido capaz de reaccionar a tiempo. Piensa en lo siguiente, ¿quién es más susceptible de distraerse una persona o una máquina al volante?

Lo único cierto es que el coche autónomo precisa de pruebas en entornos reales. Como cualquier cosa que hagas en creatividad, primero se ha de fallar (en este caso, el sistema) para poder sacar conclusiones y muchas veces buscar otros caminos.

Quizás el desafío actual más grande en este entorno sea responder a cómo poder lograr que las máquinas aprendan sin que se produzcan muertes.

También convendría tener presente las leyes de la física. Si lanzas un objeto, o aparece una persona, delante de un coche que circula a una velocidad de 70 kilómetros por hora, ningún sistema automático tiene tiempo de frenar ni, por supuesto, ningún conductor humano podría reaccionar. 

Siempre habrá riesgo. Es imposible experimentar con estos vehículos con riesgo cero.  

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