28 marzo 2017

La simplicidad revela la maestría


En las comunidades de Kenia, el ganado es muy importante. Richard Turere, un niño de 13 años, era responsable de cuidar las vacas de su familia pero los leones atacaban muy frecuentemente el corral donde las guardaban. Richard decidió que tenía que solucionar el problema.

Pensó primero en el fuego, creyendo que ahuyentaría a los leones. Comprobó que estaba equivocado. El fuego guiaba a los felinos hacia el establo al verlo más fácilmente a lo lejos.

Después usó un espantapájaros. Pensaba que así los leones creerían que estaba cerca del establo.  El primer día, llegaron y se fueron. Pero volvieron al día siguiente y al ver que ese artefacto no se movía saltaron y mataron unas cuantas vacas.

Una noche, Richard caminaba alrededor del establo con una antorcha y, ese día, los leones no vinieron. Así descubrió que los leones tienen miedo a la luz que se mueve. Tuvo una idea.

Tomó una batería vieja de un coche y un relé electrónico, ese aparato pequeño que existe en las motocicletas para encender los intermitentes de giro y consiguió un interruptor para hacer apagar y encender las luces. Con unas cuantas bombillas de linternas rotas y un panel solar que cargaba la pequeña batería logró que las luces destellasen intermitentemente.

Las luces estaban orientadas hacia fuera porque, al fin y al cabo, de ahí es desde donde vienen los leones.

El destello de las luces hace pensar a los leones que alguien está caminando por el establo. Obviamente no era así.  Desde entonces, el establo de Richard nunca volvió a tener problemas con los leones. 

La idea se exportó primero a las casas del vecindario. Ahora ya se utiliza por toda Kenia para asustar a los depredadores.

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