05 junio 2015

Humildad, creatividad e innovación

Para mí es evidente que si una persona sabe, o cree que sabe, es muy improbable que exista curiosidad y por tanto aprendizaje y por tanto escucha y, en consecuencia, innovación.

La humildad tiene que ver con reconocer que las ideas que vienen de otras personas son susceptibles de cambiar nuestra mentalidad, tiene que ver con admitir que nos hemos equivocado cuando lo hemos hecho y también está relacionada con aprender de los errores de los demás, en lugar de penalizarlos por estos errores.
Cualquier investigación sobre los modos más eficaces de generar ideas nuevas y valiosas menciona principios tales como "diferir el juicio", "tolerar la ambigüedad" y "considerar lo novedoso". Todos ellos, si te fijas, están soportados por la necesidad de creer que uno no lo sabe todo. Es decir, otra vez muy relacionados con la humildad.

Es muy probable que la humildad varíe a lo largo del tiempo e incluso a lo largo del día. La cuestión no es tanto si admitimos que no sabemos o que cometemos errores, sino cuándo lo hacemos. Y como gestionamos esas situaciones. ¿Las tapamos o las admitimos? ¿Enterramos esas situaciones o aprendemos de ellas?
La humildad no es tanto lo que uno hace, sino una manera de ser.

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