20 enero 2015

Maneras de vivir



Hace unos días el (magnífico) Director General de una multinacional con la que trabajo (Monacor Internacional) abría el Taller que impartía citando una serie de refranes. 

"La curiosidad mató al gato", "Virgencita, virgencita, que me quede como estaba", "Más vale pajaro en mano que ciento volando", etc.  

Trataba de ilustrar cómo muchas cosas que tenemos a nuestro alrededor y la sociedad en general nos alientan a no arriesgarnos y a quedarnos en nuestra zona de confort. 

Después se preguntaba si sería posible conseguir mejores resultados (aunque ya lo estemos haciendo bien), haciendo cosas diferentes. Y también se preguntaba en alto (e invitaba a la audiencia a hacer lo mismo), qué sucede con el disfrute, con pasarlo bien, con sentirse vivo cuando hacemos siempre lo mismo.

Si uno no hace cosas diferentes es fácil no equivocarse, cierto. Pero, ¿son esas maneras de vivir?

Alentaba después a sus colaboradores a arriesgarse, a hacer cosas diferentes, a fracasar... de vez en cuando. Acababa su introducción citando una frase de Fito (el de los Fitipaldis) de una de sus canciones que asumo plenamente: "Lo contrario de vivir es no arriesgarse".

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