15 agosto 2013

El proceso creativo




Uno de los aspectos menos abordados en la literatura sobre creatividad es el propio proceso creativo. Trabajando con empresas y con equipos he comprobado que existen algunas maneras eficaces y otras menos eficaces para orientar y apoyar la búsqueda de ideas creativas (aunque es verdad que darle rigor y rigidez a dicho proceso no deja de constituir una paradoja). 

Aunque cada persona enfoca la creatividad de una manera intuitiva y, por tanto, de forma diferente, hablamos sin embargo de un proceso universal, de una disciplina, que sugiere algo muy diferente al estereotipo habitual del genio creativo (¿loco?) trabajando con los ojos desorbitados en un oscuro y desordenado laboratorio en una noche de tormenta. 

A pesar de estos extendidos estereotipos, los verdaderos genios creativos son disciplinados, trabajan duro y se apoyan en un modelo subyacente que les sugiere cómo hacerlo.

La clave del modelo del proceso creativo radica en una distinción sencilla: el principio de que la creatividad no se inicia mediante la búsqueda de soluciones, sino más bien a través de la identificación de los problemas a resolver.

Piensa en las visiones generadas por los grandes líderes tales como Martin Luther King, Kennedy o Mandela. Una visión convincente es una fuerza muy poderosa. En ella se establece el contraste entre lo que es y lo que podría ser y es precisamente debido a este contrate que surge una fuerza y una energía, un motivo convincente que se denomina "tensión creativa." Esta es la energía que impulsa a los visionarios, ya sean artistas o estadistas, científicos, empresarios o educadores, misioneros o presidentes o  revolucionarios o padres de familia. Y es a partir de esta energía que se crean problemas dignos de ser resueltos.

Los grandes líderes definen visiones que expresan el espíritu y el potencial de su tiempo y de esta manera imbuyen a otros de una tensión que impregna la atmósfera y demanda acción. Esta visión contrasta tan fuertemente con la situación actual que la idea de lo que “podría ser” es muy poderosa, magnífica y motivadora, tanto es así que la gente muchas veces pueden renunciar voluntariamente a muchas cosas en la búsqueda de su cumplimiento convirtiéndose en el elemento definitorio de su vida profesional o de su vida personal. 

La visión es el principal motor de todo genio creativo, la capacidad, la voluntad o incluso la compulsión de ver las cosas, no sólo por lo que son, sino por lo que podrían ser. Esta diferencia es la fuente de tensión creativa. En cualquier campo (artes, ciencias, educación, administración pública, negocios), las personas que experimentan dicha tensión creativa están intrínsecamente motivados y con frecuencia se sienten obligados a cambiar el estatus actual, incluso a veces en contra de su mejor juicio.

Aspiran a llevar a la realidad aquello que han pensado o imaginado, y por lo tanto trabajan con dedicación y persistencia para superar todos los obstáculos que pueden encontrar en el camino. 

Esta brecha entre la mente y lo que el ojo contempla es un lugar dinámico eléctrico, una poderosa fuente de motivación e impulso, y el aprovechamiento de esta diferencia como una fuerza creativa en la organización es lo que ofrece el modelo de proceso creativo.

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