30 mayo 2012

El censor interior


¿Alguna vez has tenido una idea "descabellada"? ¿Alguna vez has pensado en una idea tan ridícula que no te atreviste a mencionársela a tus colegas porque sabías que se reirían de ti? ¿Alguna vez te has quedado para ti con una una idea en lugar de compartirla con los demás simplemente porque estabas seguro de que la rechazarían o porque pensaste "¿para qué molestarse?"?

Si es así, bienvenido al club. Esto nos sucede porque tenemos en nuestra mente una especie de censor interior que revisa nuestras ideas y rechaza aquellas que encuentra inadecuadas. No hay nada malo con esta situación. De hecho, seguramente las únicas personas que no tienen censores internos son aquellas que están completamente locas.


El censor interior es un filtro mental probablemente necesario. Nos impide proporcionar impulsivamente ideas que pueden ser peligrosas, ofensivas o inmorales. Por ejemplo, si estamos pensando en maneras innovadoras para ganar dinero y tenemos una idea que implica el robo, la censura interna nos impedirá tomar esa idea en serio. Si estamos llevando a cabo, una "tormenta de ideas" con un colega del trabajo, el censor interior nos impide sugerir ideas que tal vez podrían ser inadecuadas en y para la oficina. 

Por desgracia, en la mayoría de personas, esa censura interna es demasiado estricta. No sólo censuramos nuestras propias ideas porque puedan ser ofensivas, sino sobre todo porque tememos que pueden ser ridículas y que al compartir estas ideas podríamos "quedar mal". También censuramos nuestras propias ideas, porque hemos aprendido que los colegas suelen rechazar las sugerencias inusuales. Con el tiempo, nuestra mente creativa aprende a anticiparse a la censura interna y simplemente se detiene ante la elaboración de ideas potencialmente escandalosas. Y esta es una mala noticia: la censura interna hace mella en nuestra creatividad.


De hecho, por eso los niños pequeños pueden ser tan imaginativos: sus censores internos son laxos o inexistentes y sólo a medida que se van haciendo adultos, su censor interior aprende a estar cada vez más vigilante y a ser más severo. Hasta el punto de que muchas veces, acaba con las ideas originales tan pronto se empiezan a formular en la propia mente.


Esta situación, sin embargo, no tiene por qué ser así y puede ser gestionada.

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