10 diciembre 2010

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, Manuel. Me extenderé un poco en este comentario porque creo que merece una explicación.
Tuve'flojos' profes de ciencias. Como adolescente despistado llegué a pensar que 'aquello no era para mí. Hasta el día en que un excelente profesor me abrió los ojos, no solo a mi sino a toda una clase.
Aquel hombre vivía lo que explicaba y sabía transmitir los conocimintos desde la comprensión intuitiva para racionalizar después los hechos. Entonces me di cuenta de que en realidad me gustaba mucho el mundo de la ciencia, pero nadie había sabido transmitirme el destello que hay en el descubrir profundo.
A él le debo la pérdida del miedo a la comprensión de lo complejo y siempre le estaré agradecido por los momentos - impagables - en los que a lo largo del tiempo se me ha 'llenado el espíritu' con el disfrute del aprendizaje, de lo nuevo, de aquello que ni podía imaginar.
Fue él quien nos enseñó una máxima que siempre me ha ayudado: 'La Naturaleza siempre busca el equilibrio, por más que pueda parecer imposible o aberrante para la inteligencia'. Y este que muestras, es solo un ejemplo sencillo de la vastedad que puede llegar a abarcar esa máxima.
Un saludo. Rafa Z

Manuel Ferrández dijo...

Justamente en esto último se centra la biomímesis. En lo que podemos aprender de los organismos y sus ecosistemas. De la naturaleza, en una palabra.

Recientemente leía cómo los últimos avances en ventiladores supereficientes y en hélices se basan en la geometría de las espirales encontradas en la naturaleza de las conchas y de otros seres vivos similares que propician los flujos.

¡Impresionante!

Saludos,