15 agosto 2009

Bioinspiración


La bioinspiración, también llamada biomimética, implica hallar la inspiración en la naturaleza para crear algo totalmente nuevo. Duplicar diseños naturales en productos y tecnologías para los seres humanos.

Uno de los ejemplos más conocidos es el del Velcro (inspiración que tuvo el ingeniero suizo George de Mestral cuando observó cómo las semillas de cardo se adherían con sus ganchos espinosos a su perro).

Ayer leía en una revista científica el convencimiento que tienen muchos ingenieros en que las piezas dentales están siendo en la actualidad una fuente de bioinspiración.

Según muestran recientes investigaciones, en el interior de nuestros incisivos, molares y colmillos existen unas estructuras altamente sofisticadas que los mantienen durante décadas de una sola pieza.

Los dientes muestran propiedades mecánicas graduadas y una geometría similar a la de una catedral. Además, a lo largo del tiempo desarrollan una red de micro-rendijas que les ayudan a resistir el estrés. Esto evita que se fragmenten a pesar de morder, en muchas ocasiones, alimentos “duros”. Además, a diferencia de otras configuraciones (por ejemplo, la cubierta de fibra de carbono de las aeronaves modernas), la estructura de los dientes no es plana y laminada, sino ondulada y las fibras se ordenan en matrices.

Los ingenieros insisten en que estas propiedades podrían servir de inspiración, entre otras, a la industria automovilística y para la construcción de futuras naves y vehículos espaciales.

Ya sólo falta que la inspiración se traduzca en ideas concretas

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