
Apostar por la creatividad y por innovación, implica necesariamente apostar por una cultura de riesgo.
Se trata de asumir que de cada 100 ideas novedosas, 95 no funcionarán. Y, a pesar de ello, premiar y valorar la iniciativa, incluso si ésta termina en fracaso.
Y es aquí donde los directivos, juegan un papel esencial en la creación de este entorno.
Comentarios